Proteccion contra el sol intenso de verano

Todos sabemos que el sol es imprescindible para la vida. A fin de cuentas, la luz solar nos proporciona energía vital además de generar innumerables efectos positivos sobre nuestro organismo. Así, entre otras cosas:

-Favorece la circulación sanguínea.
-Estimula la síntesis de vitamina D.
-Es eficaz en el tratamiento de algunas dermatosis
-Estimula en ciertos casos la síntesis de algunos neurotransmisores

También sabemos que los rayos del sol se descomponen en realidad en diferentes longitudes de onda de las que sólo tres llegan hasta nosotros.

-La luz blanca visible. Cuyo efecto es luminoso.
-La infrarroja. Con efecto calorífico importante (los rayos infrarrojos son los responsables de la sensación de calor que proporciona el sol).
-La ultravioleta. Con conocido efecto biológico. Según su longitud de onda se distinguen tres tipos:
-Los rayos ultravioleta C (UVC). Son los de mayor frecuencia y son absorbidos por las capas más altas de la atmósfera por lo que prácticamente no llegan a la superficie gracias a la protectora capa de ozono. De ahí que la disminución de su espesor en los polos esté hoy provocando su penetración con grave riesgo para la salud, especialmente en las zonas más cercanas a ellos.
-Los rayos ultravioleta B (UVB). Son los que penetran a nivel epidérmico y provocan el bronceado de la piel al activar los melanocitos.
-Los rayos ultravioleta A (UVA). Entre un 30 y un 50% de los mismos llegan a niveles profundos de la dermis. Son los responsables del envejecimiento de la piel y del melanoma. Son los más perjudiciales.

Cabe añadir que, en general, la incidencia de los rayos ultravioletas sobre la tierra depende de distintas características:

-La hora del día (la radiación solar es más intensa entre las 12 y las 16 horas).
-La altitud (a mayor altitud mayor intensidad).
-La latitud (la diferente oblicuidad de los rayos solares en las distintas estaciones aumenta o disminuye su intensidad).
-Los factores climáticos (las nubes y la humedad absorben los rayos solares).

EFECTOS NEGATIVOS EN LA EXPOSICIÓN A LOS RAYOS ULTRAVIOLETA

Quemadura solar.
Se presenta cuando el grado de exposición al sol o a una fuente directa de rayos ultravioleta excede la capacidad del pigmento protector de la piel: la melanina. Este tipo de quemadura no aparece de forma inmediata y para cuando la piel empieza a doler y se ha puesto roja el daño ya está causado. El dolor se agudiza entre las 6 y las 48 horas posteriores a la exposición. Cuando ésta es prolongada puede producir una quemadura más profunda con ampollas. La quemadura solar libera además toxinas por lo que es frecuente que se presente fiebre.
Las consecuencias a largo plazo de una exposición excesiva al sol pueden llegar a ser graves y provocar incluso un melanoma maligno, es decir, cáncer de piel. De hecho, sólo en Estados Unidos se diagnostican cada año más de un millón de casos.

Estar bronceado no es estar protegido. Existe la errónea creencia de que estando uno ya bronceado -es decir, lo que llamamos “moreno”- se halla protegido del posibles daños solares. Y no es verdad. El bronceado sólo protege de las quemaduras pero no de los posibles efectos a largo plazo como el cáncer o el envejecimiento prematuro. Ello se debe a que la melanina nos protege de los rayos ultravioleta B pero no de los A por lo que los efectos y los cambios a nivel celular y vascular se producen de igual modo. Además no olvidemos que los daños producidos por los rayos ultravioleta tienen carácter acumulativo.

Recuerde pues estos consejos a la hora de elegir las cremas de protección solar:

-Si su piel es muy blanca (suele quemarse y nunca se broncea) elija una crema con factor de protección entre 20 y 50.
-Si su piel es clara (se quema moderadamente y se broncea gradualmente) elija una crema con factor de protección entre 15 y 20.
-Si su piel es morena (se quema raramente y se broncea con rapidez) elija una crema con factor de protección entre 10 y 15.
-Si su piel es oscura (nunca se quema y se broncea profundamente) elija una crema con factor de protección entre 4 y 10.

Daños y envejecimiento de la piel. Los rayos ultravioleta del tipo A provocan sobre todo la formación de radicales libres con la consecuente alteración del material genético. Además alteran una barrera inmune fundamental, la piel, disminuyendo su capacidad defensiva.
Por otro lado, se producen evidentes efectos sobre el aspecto: la piel pierde elasticidad, se torna amarilla o aparecen pigmentación irregular, arañas vasculares, manchas oscuras (propias del envejecimiento), etc.

Daños en los ojos. La radiación ultravioleta puede ser responsable de alteraciones oculares como fotoqueratitis -inflamación de la córnea y el iris- o fotoconjuntivitis -inflamación de la conjuntiva-. Afortunadamente ambas patologías, aunque dolorosas, son reversibles. Sin embargo, pueden darse otras enfermedades cuyos daños pueden ser irreparables como la aparición del pterigium -una enfermedad que cursa con la aparición de un tejido blanco y opaco en la córnea-, cáncer de las células escamosas de la conjuntiva o cataratas. Según la OMS, cerca del 20% del total de casos de afectados de ceguera por cataratas se debería a la exposición a rayos ultravioletas.

RECOMENDACIONES GENERALES:
295394396_2132999a9b_m.jpg-Ante todo, no olvide que la protección de la piel frente a los rayos solares es un problema de salud, no una cuestión estética o de moda.
-Recuerde que la acción del sol tiene carácter acumulativo por lo que debemos tomar medidas desde la infancia impidiendo así los daños que se producirían de forma irreversible.
-Piense también que no tomamos el sol sólo cuando nos tumbamos en la playa o en la piscina. Hay que valorar también sus daños cuando trabajamos al aire libre, andamos por la montaña o la playa o estamos en la nieve.
-Los filtros de protección solar que se usen deben abarcar todo el espectro de las radiaciones solares y hay que elegirlos en función de nuestro fototipo aplicándolos en verano aunque esté nublado ya que nos podemos quemar igual aunque la sensación térmica -de calor- sea menor. Evite las largas exposiciones solares aún cuando se está protegido, ya que esta protección no es permanente ni absoluta.
-No tome nunca el sol entre las 12 y las 15 horas.
-Protéjase bien la cabeza, los ojos y los labios.
-Procure no estar inmóvil durante horas.
-Beba agua periódicamente para evitar la deshidratación.
-Si ha de estar mucho tiempo al sol utilice ropa que le proteja.
-Use gafas de sol con buenos filtros.
-En los casos de embarazo, patologías cutáneas, personas con antecedentes familiares de cáncer y fototipos muy bajos -tipo I y II- se deben aplicar productos de alta protección y evitar que el sol incida directamente sobre nosotros.

COMPLEMENTOS ÚTILES
Sepa también que existen sustancias que ayudan al organismo a protegerse del sol e, incluso, a prepararse para el bronceado, muy especialmente en verano. Son éstas:
Ácido hialurónico. Se trata de una sustancia que está presente de forma natural en las células de la piel. Su actividad es importante porque es un lubricante para las células de la piel y está involucrado en la formación de sustancias gelatinosas en los tejidos del cuerpo. -El té blanco. Los ingredientes del té blanco aumentan la función inmunitaria de las células cutáneas, por lo que ayudan a proteger la piel de los daños solares limitando el daño producido sobre el ADN.
La vitamina C. Está considerada un protector solar pero no hay que confundirla con los filtros solares puesto que no absorbe los rayos ultravioleta. Su actuación se centra en la neutralización de los radicales libres generados por la exposición solar. En el caso de quemaduras también tiene un papel importante ya que es capaz de acelerar el proceso de recuperación del tejido dañado.
-La vitamina E. Inhibe la formación de radicales libres pero además se puede utilizar tras la exposición solar ya que alivia el dolor, reduce la inflamación y evita las quemaduras.
-El selenio. Se trata de un potente antioxidante capaz de luchar contra la oxidación celular, reducir la inflamación y aliviar las lesiones asociadas.
-El óxido de zinc. Actúa como barrera frente a las radiaciones ultravioletas.
-Los betacarotenos. Indispensables después de una quemadura por su poder antioxidante es además fundamental para recuperar los daños causados sobre la piel.

ALIMENTOS PARA PROTEGERSE DEL SOL
645900126_29fbe83d1c_m.jpgObviamente, la alimentación puede pues convertirse también en un aliado frente al sol. Basta consumir aquellos alimentos que contienen las mencionadas sustancias. Eso sí, elija productos frescos y que le entren por los ojos ya que, por lo general, cuanto más color tienen también es mayor su riqueza en antioxidantes.

Los que contienen más vitamina C son vegetales como la acerola, el escaramujo, el brécol, las crucíferas (es decir, todas las coles), el hinojo, el mastuerzo, el perejil y el pimiento y frutas como los cítricos, la grosella negra, la guayaba, el kivi y la papaya.
Los betacarotenos -provitamina A- se encuentran en vegetales como las zanahorias, los tomates, el maíz, el brócoli, el germen de centeno, la acedera, la acelga, el berro, el brécol, la col rizada, las endibias, la escarola, la espinaca, el hinojo, las hojas del puerro y el pimiento rojo así como en frutas como el albaricoque, el kaki o palosanto y el saúco. Pero también son ricos en vitamina A el hígado de los animales, el aceite de hígado de pescado, la nata, la mantequilla, el queso, la yema de huevo, el atún en aceite y el caviar.
En cuanto a la vitamina E se halla de forma abundante en los aceites vegetales, las frutas oleaginosas, el germen de trigo, las verduras de hojas verdes, el hígado, los huevos, los cereales integrales y las legumbres.
En lo que se refiere al selenio está presente en carnes, huevos, cereales (trigo, cebada, soja y semillas de sésamo), vegetales (colirrábano, guisante seco, rebozuelo, ajo seco) y pescados (arenque, atún, carpa, sardina, trucha) y mariscos (langostas y ostras).
El zinc lo hallamos en la carne, los cereales y sus derivados, los huevos, los pescados, el marisco, la leche y los quesos, los frutos secos y algunas legumbres (sobre todo en los garbanzos y los guisantes y judías secas) así como en vegetales como el ajo, el brécol, la cebolla, la col de Bruselas, el escaramujo, el diente de león, el mastuerzo, el perejil y la soja.
Cabe añadir que el aceite de borraja y el té también poseen un gran poder antioxidante y que otros alimentos pueden ayudarnos además a reparar los daños producidos por el sol. Es el caso de pescados como el salmón, la caballa, el atún o la sardina que contienen ácidos grasos capaces de ayudar en la reparación de los daños en las membranas celulares.

(Recuerde que tanto el tratamiento a seguir como las dosis a prescribir son trabajo de un especialista de la salud y en ningún modo este artículo puede ser utilizado como tratamiento específico. Sólo sirve como elemento orientativo e ilustrativo).

José Ramón Llorente

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