A que se debe la ignorancia de los medicos oficiales ?

%20%20%20_doctor.jpgLa mayor parte de los médicos -y muy especialmente los que ejercen alguna especialidad- piensan que sus conocimientos profesionales están al día. Sin embargo, no es verdad.

Es más, su desconocimiento es grande. Lo curioso es que no son conscientes de ello. Y no están al día por una sencilla razón: la información de mayor interés y utilidad no les llega. En realidad sólo están al tanto de lo que les cuentan los visitadores médicos y de lo que se publica en algunas revistas de cada especialidad… pero en ambos casos las informaciones están limitadas a lo que quieren dar a conocer las grandes multinacionales farmacéuticas.

La mayoría de los médicos ignora la existencia de métodos preventivos y terapéuticos eficaces a pesar de estar científicamente contrastados. Así lo denunciaba a finales de agosto del 2003 el Dr. Claude Lenfant -director del National Heart, Lung & Blood Institute de Estados Unidos- en un artículo titulado Clinical Research to Clinical Practice-Lost in Translation? que publicó el New England Journal of Medicine (una de las revistas de mayor prestigio entre los médicos). El artículo revela que si bien es cada vez mayor el número de expertos conocedores de esos descubrimientos… éstos no se trasladan ni a los médicos ni a sus pacientes. De ahí que el autor se muestre bastante crítico con sus colegas al entender que todos los médicos debieran hacer un esfuerzo constante por mantenerse al día, lo cual en los medicos de cabecera y de la SS española es una entelequia

En el artículo se describen varios ejemplos de forma meticulosa, sobre todo en lo que se refiere a los tratamientos de las urgencias cardiovasculares ya que se han convertido en la primera causa de muerte en el mundo occidental. Y lo más singular es que la mayoría de las actuaciones que podrían seguirse son relativamente fáciles de aplicar. Algo que lleva al doctor Lenfant a preguntarse qué estará pasando en los casos más complejos cuando ni siquiera se aplican los tratamientos más sencillos.
En suma, lo que se denuncia en ese artículo es una realidad gravísima… que no ha tenido apenas eco en el mundo médico y mucho menos, por supuesto, en los medios de comunicación masivos. Y eso a pesar de haber aparecido en una publicación tan prestigiosa

El Wall Street Journal fue una excepción. En su edición del 26 de septiembre se haría eco de lo denunciado en el artículo con una información titulada “Demasiados pacientes jamás llegan a beneficiarse de los resultados de las investigaciones”. Y recogía unas declaraciones del Dr. Sidney Smith -presidente de la Asociación Americana del Corazón– quejándose amargamente de ello:

“Hemos gastado 2.600 millones de dólares en investigación básica en estos últimos años y el que estos beneficios no lleguen a los pacientes es una locura, un despilfarro terrible y una tragedia”.

Lo malo es que esto no pasa sólo en el ámbito de los problemas cardiovasculares… sino en casi todos. En el terreno de la Medicina se cuenta hoy con una cantidad ingente de conocimientos que no tienen aplicación práctica suficiente y efectiva… simplemente porque la información no llega a los que la tienen que aplicar. Y eso que jamás el ser humano ha tenido tanta facilidad para acceder a la información científica como ahora.

Algo falla, pues, en el sistema. La crisis es tan grave y profunda que éste debería replantearse por completo. Porque es evidente que si la mayoría de los profesionales hace un esfuerzo considerable por mantenerse al día y no lo están logrando es que falla el proceso de transferencia informativa. Y además su velocidad es inadecuada.

188781.jpgPues bien, en un esfuerzo por corregir esta situación la Life Extension Foundation (www.lef.org) acaba de publicar la 4ª edición de un libro en el que se presentan de forma sencilla los protocolos científicos de la mayoría de las afecciones más comunes que padecemos hoy los humanos. Una obra que sirve de guía tanto a los médicos generalistas como a los especialistas y al público, y que ha sido posible merced al trabajo del amplio panel científico y médico que colabora con esa fundación. Y que cuenta además con una ventaja indiscutible: la de que la obra integra también los innumerables avances de las llamadas medicinas alternativas o complementarias, información que normalmente no llega jamás al médico por las vías habituales (revistas, congresos, cursos, etc). Además, todos los protocolos contienen amplia bibliografía. Recomendamos pues el libro al público en general pero, sobre todo, al médico, sea de medicina general o especialista.
En todo caso, independientemente de que haya instituciones de carácter privado -como la mencionada- que permiten paliar el problema es obvio que urge analizar de forma fría lo que está sucediendo con la información científica.

Debo decir que cuando comento este asunto con compañeros de profesión son pocos los que reconocen que lo dicho hasta ahora es cierto. La mayoría considera que está suficientemente informada de los avances que se producen. Y lo creen porque suelen asistir a los congresos más importantes de su especialidad -o informarse de lo que se dice en ellos- y están suscritos a las principales revistas. Sin embargo, esto no se corresponde con la realidad.

Basta leer el artículo antes citado para confirmarlo. La verdad es que buena parte de la información que reciben los médicos y farmacéuticos -muchos lo admiten aunque sea a regañadientes, especialmente los que trabajan en centros públicos- llega a ellos a través de los visitadores de la industria farmacéutica, de las revistas del sector -cuyos contenidos condiciona la industria farmacéutica- y de los congresos y cursos médicos -la inmensa mayoría, subvencionados y promocionados por la industria farmacéutica-. Dicho de otro modo: entre el 90 y el 99% de la información que les llega a los médicos procede de la industria farmacéutica. Hasta el punto de que muchos han llegado a creer que toda información que no procede de ella es científicamente cuestionable. Una creencia tan absurda como la de que los ensayos clínicos tienen siempre la objetividad que cabría suponerles.

188797.jpgOtro de los factores que se citan como causa del problema es el exceso de información. Los médicos reconocen que es tan amplia y variada que ya no tienen tiempo de analizarla toda. Especialmente porque en los últimos años el número de revistas del sector se ha multiplicado enormemente provocando una saturación importante. Además, como hoy las especialidades médicas están sobre-compartimentadas se ha terminado perdiendo la visión de conjunto que debería prevalecer en cualquier profesional. El árbol hace ya perder la visión del bosque

Aunque lo que más llama la atención al analizar el problema de la difusión de información -y es algo que destacan hoy mucho tanto médicos como veterinarios- es la nula información ofrecida sobre los sistemas terapéuticos no convencionales como la Acupuntura, la Fitoterapia, la Homeopatía, la Medicina Ortomolecular, etc. Es más, cuando aparece algo suele ser para intentar desprestigiarlas. En suma, normalmente no se informa… y si se hace es para intoxicar. Y esto es extremadamente grave porque revela claramente que lo que hoy prima en la información médica son los intereses económicos que mueven el negocio de la enfermedad. Terrible expresión -¡el negocio de la enfermedad1- que se ha convertido ya en una manifestación habitual en multitud de foros y hasta entre la gente de la calle.

Y ese ataque a las mencionadas medicinas complementarias sorprende porque la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido públicamente a nivel internacional su validez. Y sorprende aún más porque hoy son miles y miles los médicos convencionales que las han estudiado -por supuesto, al margen de la Facultades de Medicina- y las ejercen. De hecho, diversos colegios médicos de España han creado ya secciones para que sus practicantes se agrupen. Y todo eso mientras la industria farmacéutica sigue intentando desprestigiarlas… lo que ha conseguido hacer sólo entre la parte menos formada de la profesión médica y, por ello mismo, más dependiente en sus tratamientos de la farmacología.
Y eso que actualmente hay multitud de artículos científicos publicados en revistas especializadas corroborando la eficacia terapéutica de los productos de muchas de las medicinas alternativas. De hecho, el Gobierno de Pekín lleva desde hace unos años intentando demostrar de forma amplia con el “método científico” los fundamentos de la Medicina Tradicional China. Otra cosa es que no se hayan enterado de ello muchos profesionales de la medicina alopática convencional o farmacológica, esos que pretenden llamarla ahora “Medicina Científica” para intentar recuperar el prestigio perdido en un intento de apropiarse injustificadamente en exclusiva de ese calificativo).

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