Las maravillosas propiedades de los Omega 3

Colaboracion especial de: Laura Jimeno Muñoz, de Discovey Salud

No todas las grasas son iguales. De hecho, mientras unas pueden provocar problemas de sobrepeso y diversas enfermedades cardiovasculares otras lo evitan, como podia ser el caso de los Omega-3, ácidos grasos con múltiples efectos beneficiosos para nuestro organismo, hasta el punto de que no deberían faltar nunca en nuestra dieta.

Fue una investigación realizada en Groenlandia hace tiempo la que puso de manifiesto las virtudes de los ácidos grasos Omega-3 porque científicos daneses observaron que los esquimales de aquella región del mundo presentaban una incidencia de muerte por problemas cardiovasculares ocho veces menor que la de los esquimales que habían emigrado a Dinamarca, hicieron comparaciones y hallaron que los primeros tenían en sangre altos niveles de omega-3 debido a su elevado consumo de aceite de pescado y carne de animales marinos. Empezaría así a estudiarse seriamente la influencia positiva de los ácidos grasos omega 3 en la prevención de la arteriosclerosis y otras dolencias coronarias. Al punto de que muchos expertos hablan ya de ellos como de un “medicamento potente y singular” para cuidar el corazón, la sangre, las articulaciones y hasta el cerebro.

Junto con las proteínas y los hidratos de carbono, las grasas o lípidos completan la triada de nutrientes más importantes para el organismo. Y su función es fundamental para la vida ya que nos sirven como almacén de energía, nos protegen del frío, constituyen las membranas celulares, son responsables de la elasticidad de la piel y además intervienen en el normal desarrollo del sistema nervioso central, en la regulación de la presión sanguínea, en los mecanismos de defensa del sistema inmune, en las reacciones inflamatorias y en la acción de determinadas hormonas. En resumen, las grasas nos son imprescindibles

Grasas que están básicamente compuestas por ácidos grasos que, atendiendo al número de dobles enlaces, pueden ser saturadas , como la mantequilla- e insaturadas que, a su vez, se dividen en monoinsaturadas e, como el aceite de oliva- y poliinsaturadas

Pues bien, a este último tipo es al que pertenecen -entre otros- los ácidos grasos esenciales Omega-3. Y se les llama esenciales porque nuestro organismo no los fabrica y, por tanto, debemos ingerirlos con la alimentación. Cabe añadir que el principal ácido graso omega-3 es el alfalinolénico -así como sus metabolitos, el eicosapentaenoico ( EPA) y el docosahexaenoico ( DHA).

Los ácidos grasos poliinsaturados Omega 3 están poco presentes en la dieta occidental moderna y esa escasez es, en buena medida, la causa de múltiples dolencias. Porque, entre otras muchas cosas, reducen los niveles de triglicéridos y de colesterol en sangre y bajan la tensión elevada. Y tal es la razón de que su consumo sea fundamental para aquellos individuos con mayor riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares, sea por su condición genética (hipercolesterolemia familiar), nutricional (obesidad) o patológica (diabetes).

Uno de sus metabolitos, el ácido docosahexaenoico (DHA), está además directamente relacionado con la buena salud cerebral así como con el desarrollo infantil. De hecho, durante la gestación el feto recibe de la madre importantes cantidades de este ácido graso, especialmente en el último tercio del embarazo, etapa en la que se desarrollan el cerebro y los órganos visuales. Y si bien el requerimiento disminuye después del parto pero sigue siendo importante durante la lactancia. De lo que se desprende que las mujeres embarazadas, los recién nacidos y los lactantes son quienes más precisan un consumo suficiente de los mismos.

esquimalas.jpg

El doctor Alexander Leaf -catedrático de Medicina de la Universidad de Harvard (EEUU)– afirma por su parte que el aceite de pescado (importante fuente de omega-3) influye también en la actividad eléctrica y en la excitabilidad de las células del cerebro y del corazón. Una afirmación sustentada en un descubrimiento propio: se requiere un estímulo eléctrico un 50% más potente para inducir arritmia cardiaca en las células de un corazón que contiene altos niveles de ácidos grasos omega-3.
En otro estudio llevado a cabo en Francia e Inglaterra en el que participaron 1.600 personas se observó que quienes habían consumido ácidos grasos omega-3 eran mucho menos propensos a los infartos que los que no siguieron una dieta rica en

ellos. “Consumir omega-3 -asegura Leaf- parece brindar una rápida protección contra los infartos”.
También se considera a estos ácidos el mejor remedio natural para aliviar los síntomas de la artritis reumatoide ya que reduce de forma rápida – en sólo tres o cuatro meses– el dolor, la hinchazón y la rigidez provocadas por esta dolencia.
También especialmente prometedores son los resultados de las investigaciones que se vienen llevando a cabo sobre el uso de omega-3 para tratar enfermedades inflamatorias del intestino como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. A día de hoy se ha constatado que los pacientes experimentaron notables mejorías y, lo que es más importante, que no se produjeron recaídas.
Y no terminan ahí sus propiedades. De hecho, son mucho más numerosas. Se las resumimos en el recuadro adjunto.
En suma, es tal la importancia de estos ácidos grasos y tantas sus propiedades benéficas que los especialistas recomiendan consumir productos que contengan omega-3 al menos tres veces por semana. Téngalo en cuenta, sobre todo si se encuentra entre la población con mayor riesgo de sufrir algún tipo de accidente cardiovascular.

PRINCIPALES PROPIEDADES DE LOS OMEGA-3
-Reducen el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, previenen la formación de trombos y coágulos sanguíneos y mejoran el tono vascular.
-Controlan el nivel en sangre del colesterol y los triglicéridos.
-Ayudan a reducir la presión sanguínea, sobre todo si se padece hipertensión.
-Regulan el ritmo cardiaco evitando arritmias que pueden ser fatales.
-Son precursores de las prostaglandinas que intervienen en la agregación plaquetaria impidiendo las trombosis y la arteriosclerosis.
-Mantienen la flexibilidad de las membranas celulares.
-Favorecen el perfecto desarrollo del bebé antes y después del parto.
-Alivian del dolor y la rigidez en casos de artritis reumatoide o de gota.
-Tienden a disminuir la inflamación, un proceso que subyace en un amplio espectro de enfermedades como la artritis, el asma, la colitis, la psoriasis e, incluso, las enfermedades arteriales.
-Mejoran la dermatitis seborreica infantil.
Protege a los fumadores de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica.
-Disminuyen la probabilidad de recaída en la Enfermedad de Crohn (inflamación crónica del tracto gastrointestinal).
-Favorecen la salud del sistema nervioso y fortalecen el sistema inmune.
-Estimulan la secreción de elementos químicos que influyen en la actividad eléctrica del corazón, tienen un efecto calmante en el cerebro, suben el ánimo y aumentan la concentración.

FUENTES NATURALES DE OMEGA-3
-La carne de los animales marinos.
-Los pescados grasos o azules: sardina, boquerón, caballa, palometa, chicharro, atún, salmón, anchoa, anguila, arenque, etc.
-El aceite de pescado y de mamíferos marinos como focas o morsas.
-Mariscos como los mejillones, las ostras o los berberechos.
-Frutos secos: especialmente las nueces, avellanas y pipas de calabaza.
-Las semillas y aceites de soja, calabaza, cáñamo, lino y germen de trigo.
-Las espinacas, el repollo, la lechuga y el brécol.
-La leche materna es una buena fuente de omega-3 aunque se ha demostrado que la cantidad de DHA -uno de sus ácidos constituyentes- decrece a partir del primer hijo.

Si la carencia de estos ácidos es negativa no menos peligroso es el exceso. Por eso, cuando se recomienda una dosis de ácidos grasos poliinsaturados del 7,5% respecto de las calorías totales se está estableciendo un límite mínimo pero también existe un máximo porque si el porcentaje se eleva por encima del 12% puede producirse un descenso del HDL (colesterol bueno) al tiempo que puede aumentar el riesgo de formación de cálculos biliares. Otros estudios apuntan a problemas de tipo inmunitario, de coagulación de la sangre y glicemia en los diabéticos aunque estos efectos aún no están confirmados y únicamente se producirían en caso de consumo abusivo de omega-6. Lo que sí se ha demostrado es que un aporte elevado de ácidos omega-3 dificulta la absorción digestiva de la vitamina E. Por tanto, lo mejor es no pasarse con la dosis y, a ser posible, procurar que ésta proceda de la alimentación y sea prescrita por un especialista.

Fuente: DISCOVERY DSALU

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s