Menos pastillas y más manzanas.

Un ejemplo mas de como retorciendo las palabras y con pruebas cientificas de encargo se puede llegar a conclusiones contrarias, pero conviene leerlo para paladear las delicias de la literatura ‘cientifica’ de salon


6c8619.jpgLa vida nos oxida con radicales libres que dañan los genes y las células, favorecen el envejecimiento y algunas enfermedades que asustan tanto, como los trastornos cardiovasculares, el cáncer y el alzhéimer. La receta contra ese proceso de oxidación está en nuestro propio organismo. El cuerpo produce sus propios antioxidantes y el ejercicio físico también le ayuda en su fabricación. Pero buena parte de esa magia antioxidante llega con vitaminas (A, C y E) y minerales (selenio, zinc..) que pueden obtenerse con una dieta sana y equilibrada en la que no pueden faltar los vegetales.

Si las frutas y verduras son tan saludables, ¿por qué no tomar una pastilla con todo su poder antioxidante? Con ese mensaje, millones de personas en el mundo (más del 10% de la población de Europa y Estados Unidos) recurren cada día a los suplementos vitamínicos con la esperanza de alejar la enfermedad. Algunas investigaciones ya habían advertido de su inutilidad, de la poca eficacia de las píldoras antioxidantes en la prevención de enfermedades crónicas. En Estados Unidos una comisión federal de expertos concluyó hace dos años que no existían evidencias científicas suficientes para recomendar su consumo, salvo en excepciones y siempre por consejo médico.

Del escepticismo se ha pasado ahora al temor de que algunos puedan ser dañinos. Una revisión de 67 estudios científicos afirma que, lejos de mejorar la salud, estas pastillas con antioxidantes como la vitamina A y E pueden acortar la vida. Los autores de esta revisión son científicos de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) y han publicado sus hallazgos con el aval de la Biblioteca Cochrane.

La institución proporciona las revisiones más detalladas con los estudios científicos de mayor calidad. «Sin sesgos y sin excluir estudios no publicados en inglés. Esto nos permite llegar a conclusiones a las que nunca se llegaría con estudios individuales», explica Jordi Pardo, administrador del Centro Cochrane Iberoamericano.

La universidad danesa seleccionó los trabajos donde se estudiaban las propiedades de las vitaminas A, C y E, el beta caroteno y el selenio en 230.000 personas sanas. Primero se intentó encontrar sus efectos positivos. No se halló evidencia científica que demostrase que alguno de estos suplementos pudiera alargar la vida. Es más, descubrieron que determinados antioxidantes en pastillas elevaban la mortalidad.

Al estudiarlos por separado, la vitamina A se relacionó con un aumento de un 16% del riesgo de morir de forma prematura. Esta cifra se situó en un 7% y un 4%, respectivamente, en el caso del beta caroteno y la vitamina E. En el resto de suplementos estudiados no hubo resultados tan concluyentes. No se encontraron efectos perniciosos en la supervivencia de los productos con vitamina C. En el caso del selenio, relacionado con la prevención de ciertos tumores, se comprobó que podría reducir la mortalidad. Aunque este efecto positivo sólo se halló en los estudios con más probabilidad de contener errores.

La paradoja

Si hay algo que deja claro el equipo de la Universidad de Copenhague es que ninguno de los efectos perniciosos detectados se debe trasladar a los antioxidantes naturales que proporcionan frutas, verduras y cereales, sino todo lo contraria. Una dieta rica en elementos vegetales puede alargar la vida y reducir las posibilidades de enfermar. La Sociedad Americana de Oncología asegura que aumentar el consumo de frutas y verduras de 250 gramos (algo así como una pieza y media) a 500 gramos (tres piezas ) disminuye la incidencia de cáncer, reduce el riesgo de padecer enfermedades crónicas y aumenta la esperanza de vida en dos o tres años.

¿Por qué la misma vitamina A es beneficiosa si la obtenemos de las zanahorias o los huevos, y dañina cuando llega en un medicamento? «Es la paradoja de los suplementos vitamínicos. El consumo de cócteles farmacológicos con funciones antioxidantes a veces produce el efecto contrario. Actúan como pro oxidativos y consiguen una reducción en la esperanza de vida», explica Javier Aranceta, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC).

Al nutricionista las conclusiones del informe no le sorprenden. Según dice, otros trabajos habían apuntado en esta misma idea.”

(Via .)

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