La sequia de 2002 en norteamerica dejo en la atmosfera millones de toneladas extra de co2

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Un nuevo estudio muestra cómo una sequía prolongada en América del Norte en el 2002 recortó hasta la mitad la absorción natural de dióxido de carbono (CO2) del continente, dejando más de 330 millones de toneladas extra del gas de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra. La cantidad que no fue absorbida ese año equivale a las emisiones anuales de más de 200 millones de automóviles.

El estudio presenta la primera estimación objetiva de intercambio neto de CO2 atmosférico en América del Norte para cada semana desde el 2000 al 2005. La estimación se basa en 28.000 observaciones atmosféricas globales.

Sólo en América del Norte, las actividades humanas, sobretodo la quema de combustibles fósiles y la fabricación de cemento, ya liberan 1.850 millones de toneladas de carbono en forma de CO2 a la atmósfera cada año. Por lo general, los bosques, los prados, los cultivos agrícolas, y el suelo absorben cerca de una tercera parte de esas emisiones.

Sin embargo, la proporción natural se desestabilizó en el 2002, cuando América del Norte experimentó una de las mayores sequías en más de un siglo. Las condiciones en un 45 por ciento del territorio de Estados Unidos fueron clasificadas como “extremas” o “excepcionales”. La cantidad de carbono absorbida por la vegetación y el suelo se desplomó desde un promedio anual de 650 millones de toneladas a sólo 330 millones.

Los científicos centran a menudo su atención en el papel que los gases con efecto invernadero tienen en la generación de situaciones climáticas extremas. Ahora, los autores de este estudio muestran que lo inverso también se cumple. Las condiciones climáticas extremas pueden tener un efecto considerable en la cantidad de dióxido de carbono presente en la atmósfer a.

Las sequías y otras variaciones climáticas pueden perturbar la captación natural de CO2 mediante alteraciones regionales de las temperaturas, la lluvia, la humedad del suelo, y otros parámetros. El problema no es exclusivo de América del Norte. La extensa sequía y la ola de calor que golpearon a Europa en el 2003 dejaron aquel año más de 500 millones de toneladas de carbono extra en el aire.

“Los trastornos en la captación natural de carbono pueden acarrear enormes efectos medioambientales y económicos, llegando tal vez incluso a contrarrestar los beneficios logrados con los esfuerzos para reducir las emisiones de combustibles fósiles en un año dado”, alerta Wouter Peters, quien dirigió el estudio en el Laboratorio de Investigaciones del Sistema Terrestre de la NOAA, y que también trabaja en la Universidad de Wageninen en los Países Bajos.

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