El huevo es quizá el más vivo ejemplo de cómo un alimento está recuperando su fama gracias a la ciencia. En los últimos tiempos, varios estudios se han encargado de desmontar cada una de las falsas creencias que se cernían en torno a él y que, sin embargo, siguen persistiendo entre buena parte de la población.
«Este producto es una pequeña joya porque tiene vitaminas, minerales, ácido fólico, lecitina, zeaxantina y luteína (estos dos últimos elementos son imprescindibles para cuidar la salud ocular), es fácil de digerir (excepto si se toma crudo), es versátil en la cocina, muy barato y gusta a casi todo el mundo»
El desprestigio de este alimento se basó en su día en el alto nivel de colesterol que se encuentra en la yema. Se pensaba que esta circunstancia estaba directamente relacionada con el aumento del lípido ‘maldito’ en el plasma sanguíneo y con la consiguiente aparición de enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, el mero hecho de que un producto tenga colesterol no es definitivo, ya que dicho elemento necesita de la presencia de grasas saturadas que hagan de vehículo de transporte para metabolizarse y llegar a acumularse en la pared de las arterias coronarias. «Hay muchos alimentos que contienen colesterol y, además, grasas saturadas; pero el huevo no es uno de ellos.

Por otra parte, desde hace tiempo se conoce el matiz de que no todas las fracciones de colesterol son iguales - de ahí las denominaciones de ‘bueno’ (HDL) y ‘malo’ (LDL) para diferenciarlos- y que tampoco tienen el mismo efecto sobre la salud.
Como ejemplo de que el huevo no supone un peligro real para las coronarias, pues en Japon o Frncia se consumen alrededor de 400 unidades por habitante y año; en comparación con las 200 que toman los españoles; y ni Francia ni Japón tienen unas tasas de patologías cardiovasculares más elevadas que los lugares donde el huevo no es tan popular».
De esta manera, una dieta saludable puede incluir un huevo diario sin ningún riesgo (los niños, ancianos y personas con patologías que así lo requieran deberían tomar tres o cuatro semanales) porque tampoco está relacionado con la obesidad; más bien al contrario.
Un trabajo publicado hace un par de años en ‘The Journal of the American College of Nutrition’, cuyos seguimiento a medio plazo fue presentada recientemente en la reunión anual de Biología Experimental 2007, celebrada en Washington (EEUU) puso de manifiesto que desayunar uno o dos huevos diarios (cocidos, revueltos o en tortilla) adelgaza.
Los motivos son dos, fundamentalmente. En primer lugar, se trata de un alimento poco calórico (una unidad de tamaño medio tiene entre 70 y 80 calorías) y, en segundo, provoca mayor saciedad y, en consecuencia, menos apetito que otros alimentos propios de la primera comida del día, como las galletas, los cereales o el pan.
El hecho de no pasar hambre contribuye decisivamente a erradicar un hábito que sí está directamente relacionado con el exceso de peso y la obesidad: el ‘picoteo’ entre horas.
En definitiva, «desterrar el huevo de la dieta es un rotundo error
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Fuente: Huevos en la alimentación

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